LigaSida Al Día

Envejecer con VIH: una victoria que también nos plantea nuevos desafíos
Jorge Pacheco Cabrales Director General

Carta del Director

“… envejecer con VIH es, ante todo, una conquista”.

Escribo estas palabras no solamente como Director General de la Liga Colombiana de Lucha contra el SIDA. Las escribo también desde un lugar profundamente personal: soy una persona que vive con el virus y que está envejeciendo con VIH.

Durante muchos años, para quienes recibimos un diagnóstico de VIH, pensar en la vejez parecía algo lejano e incluso improbable. La historia de la epidemia estuvo marcada por la enfermedad, las pérdidas, el miedo y el estigma. Muchos amigos, compañeros y seres queridos no tuvieron la posibilidad de llegar hasta aquí. Por eso, envejecer con VIH es, ante todo, una conquista. Es el resultado de la ciencia, del acceso al tratamiento antirretroviral y de décadas de activismo y lucha por nuestros derechos.

Yo mismo comienzo a mirar el envejecimiento desde otra perspectiva. Y comprendo que haber conseguido más años de vida nos enfrenta ahora a una pregunta que considero fundamental: ¿qué clase de vida queremos tener durante esos años?

Hoy, cerca de una cuarta parte de las personas que viven con VIH en el mundo tiene 50 años o más. Somos una población que seguirá creciendo y nuestras necesidades no pueden reducirse a mantener una carga viral indetectable. Necesitamos hablar de salud integral, enfermedades crónicas, fragilidad, salud mental, autonomía, bienestar, cuidados, sexualidad, vínculos afectivos y participación social.

“…haber conseguido más años de vida nos enfrenta ahora a una pregunta que considero fundamental.”

“La evidencia científica reciente nos muestra la dimensión del problema.”

Y necesitamos hablar, con especial urgencia, de la soledad no deseada.

La evidencia científica reciente nos muestra la dimensión del problema. Una revisión sistemática publicada en 2025, que reunió más de 19.000 personas mayores con VIH, estimó que aproximadamente una de cada tres experimentaba soledad. Otros estudios han encontrado asociaciones entre la soledad, el aislamiento social, la ansiedad, la depresión y el estigma relacionado con el VIH.

Pero detrás de esas estadísticas existen personas e historias.

Quienes llevamos muchos años viviendo con VIH sabemos que el envejecimiento puede traer consigo pérdidas que van mucho más allá de los cambios físicos. Las redes sociales pueden hacerse más pequeñas; algunas relaciones desaparecen; llegan las jubilaciones, las enfermedades y los duelos. A esto pueden sumarse décadas de estigma por vivir con VIH y, para muchas personas, discriminaciones relacionadas con la orientación sexual, la identidad de género, la situación económica o, ahora también, la edad.

Existe entonces el riesgo de una paradoja dolorosa: haber luchado durante décadas para mantenernos vivos y llegar finalmente a una vejez en soledad.

Esta reflexión me interpela personalmente, porque cuando hablamos de personas que envejecen con VIH, no estoy hablando de “otros”. Estoy hablando también de mí, de mi generación y de quienes vienen detrás de nosotros.

Por eso considero que la respuesta al VIH debe evolucionar junto con nosotros.

Desde la Liga Colombiana de Lucha contra el SIDA debemos impulsar una nueva conversación en Colombia sobre VIH y envejecimiento. Una conversación que trascienda los indicadores clínicos y reconozca que la calidad de vida también depende de sentirse acompañado, valorado, escuchado y parte de una comunidad.

Necesitamos modelos de atención que integren infectología, atención primaria, geriatría, salud mental y apoyo psicosocial. Necesitamos identificar tempranamente la soledad no deseada y el aislamiento social. Necesitamos fortalecer las redes comunitarias y de pares, reconocer las familias elegidas, promover espacios intergeneracionales y construir sistemas de cuidado que respeten la autonomía y la diversidad de las personas.

También debemos preguntarnos quién cuidará a quienes envejecemos con VIH. Es una pregunta que las familias, las organizaciones sociales, los sistemas de salud y el Estado colombiano no podemos seguir postergando.

“Necesitamos modelos de atención que integren infectología, atención primaria, geriatría,
salud mental y apoyo psicosocial”.

La Organización Mundial de la Salud ha advertido que la soledad y el aislamiento social tienen consecuencias importantes sobre la salud y el bienestar. La conexión social debe entenderse, por tanto, como parte de una vida saludable y de un envejecimiento digno.

Después de tantos años trabajando en la respuesta al VIH, tengo la convicción de que estamos entrando en una nueva etapa. Durante décadas nuestra consigna fue vivir. Conseguimos tratamientos, defendimos derechos, enfrentamos prejuicios y demostramos que una persona con VIH podía construir un proyecto de vida.

Ahora debemos dar el siguiente paso.

Como persona que vive y envejece con VIH, quiero llegar a la vejez con autonomía y dignidad, pero también con afectos, amigos, comunidad, proyectos y razones para levantarme cada mañana. Y quiero exactamente lo mismo para todas las personas que viven con VIH en Colombia.

Porque sobrevivir fue nuestra primera gran victoria. Vivir muchos años es la segunda. Nuestro desafío ahora es conseguir que nadie tenga que vivir esos años en soledad.

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