LigaSida Al Día

35 años en la respuesta al VIH: memoria, dignidad y transformación.

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La respuesta al VIH debe seguir siendo humana, comunitaria y basada en derechos. La dignidad no es negociable.

Por Jorge Pacheco Cabrales
Director General / LigaSida

Hoy, al mirar atrás y recorrer más de tres décadas de trabajo en la respuesta al VIH, es inevitable detenernos en la memoria. Memoria de quienes ya no están. Memoria de los años más duros, especialmente en las décadas de los 80 y 90, cuando el diagnóstico de VIH era, en muchos casos, una sentencia de muerte.

En aquellos primeros años, desde la Liga Colombiana de Lucha contra el SIDA, nuestra labor estuvo profundamente marcada por el cuidado en el final de la vida. No hablábamos de tratamiento ni de supresión viral; hablábamos de acompañamiento, de dignidad, de aliviar el dolor y, sobre todo, de ofrecer un poco de humanidad en medio del miedo y el estigma.

Recibíamos a personas en estados avanzados de la infección, muchas veces rechazadas por sus familias y excluidas por la sociedad. Nuestra misión era, entonces, ayudarles a morir en la mayor tranquilidad posible.

Ese contexto nos recuerda una verdad fundamental: la respuesta al VIH no nació desde los sistemas de salud, sino desde la solidaridad de las comunidades, desde la urgencia ética de cuidar, cuando nadie más lo hacía.

Hoy el panorama es profundamente distinto. Los avances científicos, el acceso a la terapia antirretroviral y la simplificación de los esquemas de tratamiento han transformado el VIH en una condición crónica manejable.

Conceptos como el de “indetectable = intransmisible” (I=I) han cambiado la práctica clínica y la forma en que entendemos la vida con VIH.

Las orientaciones más recientes de la Organización Mundial de la Salud subrayan precisamente la importancia del diagnóstico temprano; la vinculación oportuna al tratamiento y modelos de atención diferenciados, centrados en las personas .

Sin embargo, este progreso no debe hacernos olvidar de dónde venimos. La historia de la respuesta al VIH está escrita con los nombres de miles de personas que murieron sin acceso a tratamiento, pero cuya lucha impulsó los cambios que hoy celebramos. Su legado vive en cada avance, en cada política pública, en cada vida que hoy se salva.

A 35 años, el desafío es doble: honrar la memoria y sostener el compromiso. Persisten brechas en acceso, desigualdades estructurales, estigma y discriminación.

Aún hay personas que llegan tarde al diagnóstico. Aún hay vidas que podrían salvarse.

Por eso, esta conmemoración no es sólo un acto de recuerdo, sino también una reafirmación:

  • La respuesta al VIH debe seguir siendo humana, comunitaria y basada en derechos.

  • La dignidad no es negociable.

Mientras exista una sola persona excluida del acceso a la salud, nuestro trabajo no habrá terminado.

“… la respuesta al VIH no nació desde los sistemas de salud, sino desde la solidaridad de las comunidades, desde la urgencia ética de cuidar, cuando nadie más lo hacía.”

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