LigaSida Al Día

Envejecer con VIH: El nuevo desafío de una respuesta que debe cambiar.

El mundo logró que las personas con VIH vivan más.
Ahora, el desafío es facilitar una vejez saludable, digna y con calidad de vida.

Bogotá.- En junio de 1981, la historia de la salud pública mundial cambió. El Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) informó sobre cinco casos de una neumonía hasta entonces desconocida. Poco después, el mundo comprendería que se encontraba ante una nueva epidemia: el VIH.

En Colombia, los primeros casos fueron reportados en 1983. Desde entonces, el conocimiento científico, el diagnóstico y -especialmente- el tratamiento antirretroviral transformaron de manera radical la historia del VIH. 

Lo que alguna vez fue considerado una enfermedad asociada a una elevada mortalidad se convirtió en una condición crónica que con diagnóstico oportuno, tratamiento y atención adecuada, permite a millones de personas vivir durante décadas.

Pero este extraordinario avance científico ha producido una nueva realidad que todavía no ocupa el lugar que merece en las agendas de salud pública: las personas con VIH están envejeciendo y los sistemas de salud deben prepararse para ello.

Una nueva realidad que ya está aquí.

Durante las primeras décadas de la epidemia, hablar de envejecimiento con VIH parecía casi imposible. Muchas personas no llegaban a edades avanzadas. Hoy la situación es diferente.

La Organización Mundial de la Salud estima que aproximadamente una tercera parte de las personas que viven con VIH tendrá 50 años o más, en los próximos años.

Por tanto, el envejecimiento de las personas con VIH no constituye una posibilidad futura. Es una realidad presente que continuará creciendo.

Este cambio demográfico representa uno de los grandes logros de la respuesta al VIH, pero también obliga a formular una pregunta incómoda: ¿Estamos preparados para atender a las personas que logramos que vivieran más?

Close-up black and white portrait of a senior woman with a pensive expression, captured in soft lighting.

Durante años, muchos programas de VIH fueron estructurados alrededor de una prioridad fundamental: diagnosticar la infección, garantizar el tratamiento antirretroviral, alcanzar la supresión viral y reducir la mortalidad. Esos objetivos siguen siendo indispensables. Sin embargo, hoy ya no son suficientes.

Una persona que lleva décadas viviendo con VIH puede necesitar mucho más que medicamentos antirretrovirales.

Puede necesitar atención cardiovascular, renal, metabólica, ósea, neurocognitiva y de salud mental; revisión de interacciones medicamentosas; apoyo para mantener la adherencia; rehabilitación; atención social y acompañamiento frente a la soledad y el aislamiento.

El desafío -por tanto- ya no consiste en vivir con VIH únicamente, sino en envejecer con VIH de manera saludable, digna y con calidad de vida.

Las personas que envejecen con VIH pueden presentar una combinación de factores relacionados con la infección, el tratamiento, las comorbilidades y el propio proceso de envejecimiento.

Entre las condiciones que requieren especial atención se encuentran las enfermedades cardiovasculares, hipertensión, diabetes, enfermedad renal, alteraciones óseas, deterioro neurocognitivo, depresión, ansiedad, fragilidad y polifarmacia.

La evidencia científica muestra que estas necesidades no pueden abordarse de manera aislada. En América Latina y el Caribe, la literatura disponible ha identificado precisamente la necesidad de fortalecer la investigación y los modelos de atención para las comorbilidades asociadas al envejecimiento de las personas con VIH.

Esto plantea un desafío para los sistemas de salud: el modelo centrado exclusivamente en el control del VIH debe evolucionar hacia un modelo centrado en la persona.

No se trata de sustituir la atención especializada en VIH, sino de integrarla con la atención primaria, las enfermedades crónicas, la salud mental, la geriatría, la rehabilitación y los servicios sociales.

Fotografía: ONUSIDA

La tendencia indica que América Latina enfrentará rápidamente una expansión de la población mayor con VIH.  En la región, las nuevas infecciones por VIH en la población adulta han aumentado cerca de un 25% desde 20101.

Luisa Cabal, directora regional de ONUSIDA para América Latina y el Caribe expresó en la 26.ª Conferencia Internacional sobre el Sida (Río de Janeiro, Brasil – Julio 2026) que “la región necesita voluntad política decidida, que los presupuestos para el VIH sean sostenibles y que los compromisos se transformen en financiación2 para los programas de prevención y liderazgo comunitario. Los países de nuestra región que han progresado nos muestran lo que es posible convirtiendo ese compromiso en acción”3.

Los programas de VIH fueron diseñados para dar respuesta en un momento crucial de la salud pública que se caracterizó por una epidemia aguda, pero no han proyectado su acción para brindar atención a una población afectada por el virus que envejece con múltiples necesidades. 

Los desafíos que se han identificado incluyen distintos aspectos relevantes de la atención: Integración de servicios, preparación del personal de salud en el campo geriátrico, modelos de atención que respondan a las necesidades de las personas (atención centrada en la persona), apoyo psicosocial, seguimiento multidisciplinario y estrategias de adherencia al tratamiento en esa etapa de la vida, entre otras. 

La OMS y ONUSIDA señalan prioridades estratégicas que deben hacer parte de la oferta de servicios para el adulto mayor con VIH. Los programas de cuidados a largo plazo, la cobertura universal en salud y las políticas nacionales de envejecimiento, son las recomendaciones del organismo multilateral.

La Organización Mundial de la Salud también menciona la necesidad de implementar estrategias para reducir el edadismo, prevenir el estigma y la discriminación institucional, promover la inclusión social y garantizar los derechos humanos. Agrega la pertinencia de fortalecer modelos integrados de atención en VIH, enfermedades no transmisibles, salud mental y los servicios sociales / comunitarios.

La OMS y ONUSIDA advierten que muchos sistemas de salud no están preparados para responder a las necesidades de la población adulta mayor con VIH.

La respuesta a esos retos demanda mayor financiación y la voz de la población adulta mayor con VIH en su diseño e implementación. En otras palabras, es una población clave y su participación en el proceso es fundamental.

La población adulta mayor con VIH es una realidad que enfrentan los sistemas de salud y las comunidades, circunstancia que exige respuestas integrales, sostenibles y centradas en derechos humanos.

La evidencia reciente muestra que la experiencia de las PAMV es una combinación de situaciones biomédicas y psicosociales que demandan un cambio estructural en los modelos de atención.

La oferta de atención integral que incluya salud crónica y envejecimiento saludable no es una opción. Es una prioridad esencial para lograr los objetivos globales de salud y garantizar calidad de vida, dignidad y bienestar para las personas que envejecen con VIH.

(1) Naciones Unidas (2026) Las nuevas infecciones por VIH aumentan en América Latina mientras el financiamiento global disminuye. Recuperado el 14 de agosto / 2026 de https://short-url.cc/1w0z1

(2) El reporte especial de ONUSIDA para la Conferencia Internacional de Sida en Río de Janeiro (2026), titulado Unidos para acabar con el SIDA, precisa que la financiación internacional para el VIH se redujo en más de USD$1500 millones; de USD$8800 millones en 2024 a USD$7300 millones en 2025, una reducción del 18% / https://short-url.cc/1w0z1 

(3) Op. Cit. (2)

Documentos de referencia.

  • World Health Organization (2024). Consolidated Guidelines on Differentiated HIV Testing Services.
  • UNAIDS (2024). Global AIDS Update 2024.
  • WHO Europe (2024). There is a path towards dignity and health for older people living with HIV.
  • Shim MS et al. (2025). Health problems and challenges due to aging among people living with HIV. BMC Public Health.
  • Kokorelias KM et al. (2025). Exploring the state of evidence on aging with HIV in long-term care.

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